Sol y Eros (Una historia sagrada)

Así como el sol carga de calor todo lo que alcanza, el erotismo acaricia con su carga todo lo que toca.

Palabras desnudas para medir distancias o marcar ubicaciones. El erotismo las baña de sensualidad.

Si digo adentro o afuera, arriba o abajo, delante o atrás, en un pasaje erótico, éstas podrían ruborizar o estimular.

Para un intento de historia del erotismo en occidente, habría que ir donde el mito comenzó, es decir, al séptimo día, cuando después de terminar su creación, el Dios arquitecto universal descansó.

En su reposo, soñó que en el jardín del Edén su creación tenía un propósito, éste era el disfrute de lo creado por un único hombre y una única mujer.

Eva y Adán en la plenitud de sus 25 años, embelesados se extasiaban con la creación del Dios artista.

Lo que más los provocaba era el deleite de las diferencias en el cuerpo del otro.

Busco el bosque que huele en ti, decía Adán extasiado por los aromas del cuerpo de Eva.

Háyalos, tierno Adán, con tus manos, con tus ojos, con tu lengua, respondía Eva, mientras entre sus manos arrastraba la cabeza de Adán por la geografía de su cuerpo.

Entre el agua, sobre la hierba, bajo la sombra de los árboles, Eva y Adán cumplían el mandato divino, gozando sin límites.

Así, como la naturaleza perfecta no fatiga jamás, o es que ¿alguien se cansó de los crepúsculos? a Eva y Adán, el develamiento de bahías, valles, penínsulas, cavernas y flores de todas las formas y aromas en el cuerpo del otro, no los fatigaba.

Vivían un paraíso.

Dios sonreía, soñando con el goce humano de la naturaleza. Los cuerpos metáfora de Gaia donde el cosmos era recreado con placer incomparable.

Como se cuela el viento por una rendija, el Demonio se filtró en el sueño de Dios
para con sorna interrogarlo sobre su obra.

¿Qué sentido tiene, preguntó, que hayas creado a los humanos para un disfrute sin límites, cuando podrías retarlos en el laberinto del bien y del mal?

¿Qué sugieres?, indagó Dios, entrando en un terreno donde el Demonio es rey. Tienes que crear el pecado, respondió éste.

Tentado por la manzana podrida de su creación, Dios aceptó el reto y el pecado fue hecho.

Sin la menor sospecha que lejos de ellos se jugaba su destino como en un tablero de ajedrez, súbitamente Adán y Eva sintieron vergüenza por sus cuerpos.

¿Qué miras con ojos hambrientos?, inquirió ella, cubriendo sus senos y pubis con sus brazos y manos, no sé qué pasa Eva, respondió Adán avergonzado de su pene erecto.

Como cubre la neblina los contornos del lago, Eva y Adán taparon de sus ojos sus cuerpos con hojas.

Con el primer no de Eva, surgió la cultura.

Con la primera amenaza de Adán brotó la religión.

Lo que siguió es de sobra conocido. El sueño se tornó en pesadilla.

El escenario de la confrontación pasó de unos a otros como herencia perversa, los pueblos chocaron, unos por escogidos, otros por malditos; las almas, unas por verdaderas, otras por idólatras; los países, unos por superiores, otros por despreciables, la naturaleza, todo lo sufrió, declarada materia prima, a la vez valiosa e inútil; y finalmente los cuerpos, que junto con el mundo y el Demonio fueron declarados culpables de todas nuestras desgracias.

Desde entonces los descendientes de Eva y Adán buscamos esos momentos de placidez primigenia.

Pero el bosque ha sido violado; las aguas contaminadas; la yerba arrancada.

Bajo la sombra de los árboles la policía resguarda la moral pública y la Iglesia, todas, condenan el placer, santifican el pecado, glorifican la estupidez.

El mandato divino, ha sido prohibido, la diferencia, dicen, fue hecha para la reproducción, no para la delicia. El capital es virtud, pero el goce es pecado capital.

Los ejércitos están ávidos de soldados, las fábricas de obreros, el mercado de consumidores, los estadios demandan fanáticos. ¿Cómo llenar entonces las iglesias?

Sólo que cuando al sol se intenta tapar con las manos, quema.

Tus pies han dejado el rastro que necesito para hallarte, voy tras tu piel y tus dedos. Quiero volver al cobijo de tu pelo, al refugio de tu aroma, al santuario de tus labios. Eva, déjame penetrar en tu catedral, puedes orar conmigo, susurrar en mi oído, «tu aliento con el mío», ven, vamos a celebrar la vida como antes que la manzana hiciera lo suyo, antes que el pecado se pusiera los hábitos.

Adán, mi tierno amante, mi cuerpo te extraña, mi piel te reclama, mis labios te nombran, la palma de tu mano tiene un lugar entre mis piernas que mis labios tocan. Ven, besémonos bajo la luz de la luna, sobre este planeta que nos cobija en cada rincón, en cada bahía, los esteros nos aguardan, cubrámonos de rocío, aguardemos al amanecer dentro de mí.

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