Wednesday, February 22, 2012

Proyecto


A 11 años de la Luna Zeta

El destino usual de toda revista literaria independiente en México es fenecer a los pocos meses, o si bien le va, editarse unos cuantos años. Normalmente estas publicaciones emergen con un ímpetu juvenil, manteniéndose con entusiasmo un breve periodo, animadas por la novedad y la experimentación, antes de que los problemas económicos, la exclusión de la publicidad institucional y empresarial, el agotamiento de colaboradores, la divergencia de intereses y la falta de apoyo de los lectores, ahoguen su continuidad. Estas revistas, además, deben combatir la lógica de mercado que intenta someterlas, demandando publicaciones lustrosas y pirotécnicas, que aseguren estruendosas novedades hasta su rápida disolución, para que puedan ser rápidamente suplidas por otro breve estallido. Luna Zeta, después del entusiasmo de las primeras impresiones, volcó sus esfuerzos hacia una laboriosa consolidación del grupo editorial, evitando naufragar en estos 11 años de travesía, sorteando toda serie de desastres económicos, indolencias políticas y pesares existenciales.

Surgido en noviembre de 1998, el proyecto Luna Zeta fue precedido por el suplemento El Exilio, creación de un grupo de amigos en 1994 (después difundido en el semanario La Hora hasta el año 2000). El Exilio mantuvo una postura contestataria y provocadora, al presentar mediante un diseño experimental colaboraciones literarias y de crítica social de un grupo de estudiantes y artistas noveles, quienes deseaban iniciar un camino propio al generar un medio de expresión alternativo en el cual imprimir sus primeros trabajos artísticos.

El nombre de la revista, Luna Zeta, es un nombre formulado mediante un método aleatorio, que puede evocar tanto la cosmovisión, el rito milenario, el abecedario y los ciclos de su simbología (inclusive los arcanos de la cábala), y la tradición, como los mitos urbanos con sus agudas realidades, la musicalidad de las palabras y las sensuales mareas verbales. Al emerger Luna Zeta en 1998, se concreta la posibilidad de construir una revista que incluya expresiones literarias y periodísticas críticas, resaltando las expresiones gráficas y visuales que le dan un amplio reconocimiento a la entidad, tanto por la relevancia creativa de algunos artistas oaxaqueños como de otros creadores que residen temporalmente en la ciudad. Por ello, la portada de cada número trasluce una intensa frase literaria, ante una extendida imagen (pintura o fotografía), que destaca la propuesta de artistas vinculados al proyecto o a esta entidad, y desecha la estrategia convencional de exhibir el menú de colaboradores afamados en la cubierta.

Desde su irrupción en el medio oaxaqueño, la publicación generó polémica y una amplia aceptación de colaboradores y artistas independientes. En esos años, los artistas y autores toleraban una monótona oferta editorial en Oaxaca; ésta los condicionaba a participar en exiguos espacios solamente por el linaje heredado, por avivar simpatías personales, integrar un taller literario o por seguir intereses gubernamentales. La difusión de los trabajos literarios estaba acaparada por pequeños grupos, los cuales reproducían el esquema del poder oficial, al ser jerárquicos, autocomplacientes y acríticos, ávidos de recibir canonjías. Esta situación, que prevaleció en el medio cultural hace 10 años, fue poco a poco socavándose en Oaxaca, hasta que hoy en día es menos ostensible por la favorable emergencia de múltiples dinámicas culturales y artísticas, con el apoyo, la difusión y la revaloración de la sociedad civil. Sin embargo, todavía no se erradican del medio algunas prácticas viciadas que privilegian a quienes siempre han estado más cerca del poder con una desmedida ambición económica y protagónica. De ahí, la ineludible responsabilidad de artistas locales y medios independientes por mantenerse alerta, a fin de cuestionar y exigir igualdad y transparencia en el ejercicio de los recursos destinados a la cultura.

Actualmente este periplo editorial lo realizamos principalmente Abraham Nahón, como coordinador editorial y Judith Romero, Jorge Pech, Juan Carlos Rosas y Alfonso Gazga en el Consejo Editorial. Realizando el diseño gráfico Judith Romero y la construcción de la página electrónica Jorge Luis Santiago. Con este equipo de trabajo, vinculado a las artes, a la literatura y al periodismo, se ha fortalecido la propuesta editorial según las habilidades, preferencias estéticas y quehacer creativo de cada uno de los integrantes. El trabajo de Efraín Velasco, Dunia Calderón y Gerardo Escalante, al inicio enriqueció el proyecto editorial de manera directa, al poder colaborar en el consejo editorial, pero sus diversas actividades personales tanto laborales como creativas los ha llevado a dejar de participar en este proyecto desde el año 2008.

La revista se ha nutrido de tres grandes afluentes: la literatura, las artes visuales y la crítica social. Presentadas generalmente en cinco secciones que concentran los géneros tratados: Lunario (poesía y narrativa), Novilunio (ensayo), Lúnula (entrevista y crónica), Estadilunio (literatura de otras entidades) y Abezetario (Reseña). Además de la sección Oaxaca, que presenta textos sobre el estado escritos por autores provenientes de otros países o de otras regiones de México. Destacan, en dos dossiers por número, la gráfica, fotografía, pintura y escultura de artistas locales y reconocidos a nivel nacional e internacional.

Integrado el grupo editor como asociación civil, desde el año 2001, ha apoyado otros proyectos culturales, y colabora en múltiples actividades y tareas de carácter académico, social y cultural. Se logró asesorar, capacitar y financiar en sus inicios a dos revistas regionales (Plan de los Pájaros, en Tuxtepec y Fandango, en la Costa de Oaxaca), con la finalidad de que se difundiera el trabajo creativo de los jóvenes desde sus regiones. La participación de los integrantes de la revista se ha extendido a seminarios, foros y encuentros literarios, realizados en las diversas regiones del estado de Oaxaca y en otras latitudes de la República Mexicana y de algunos países de América Latina y Europa, en los cuales se promueve el trabajo literario y gráfico que ha cruzado por las páginas de Luna Zeta. Estas actividades de difusión e intercambio se han efectuado, entre otros sitios, en las ciudades de México, Guadalajara, Tijuana, Cuernavaca, Toluca, Tlaxcala, Guanajuato, Puebla, Villahermosa, Yucatán, Veracruz, y en algunos países como El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, España y Francia.

La publicación de una revista literaria en un territorio lleno de contradicciones sociales y culturales, como el de Oaxaca, compromete a sus colaboradores a tratar temas inusuales en este tipo de ediciones. Es imprescindible, por las circunstancias sociales de la entidad, difundir fuertes críticas a las desigualdades sociales, a los conflictos que han ido creciendo en el estado y a las agresiones contra el patrimonio natural y cultural que cometen autoridades y grupos político-empresariales en territorio oaxaqueño. Asimismo, se ha seguido la premisa de que solamente con pluralidad de voces y posiciones es posible contribuir a una literatura viva, con capacidad para generar inquietudes, interrogaciones, dudas e inclusive disensiones creativas sobre la época en que nos toca existir. De acuerdo con esta visión, se han tratado de eliminar posiciones localistas o chauvinistas, al confrontar la producción literaria local con la de diversas partes de México y del mundo, principalmente de Latinoamérica, España, Francia, Canadá y Estados Unidos.

El conjunto de logros de Luna Zeta es significativo pero induce también a reconsiderar continuamente la pertinencia de los intereses de la publicación, sus alcances y los nuevos derroteros. Por eso, a partir del número 28, editado en diciembre de 2008 (con el tema “Viajes y Viajeros”), cambiamos el formato de la revista y reestructuramos su diseño. Este número especial integra a algunos de los colaboradores más cercanos a la publicación que han participado en estos diez años; la gran mayoría presenta material ad hoc al tema sugerido, como una muestra de solidaridad para celebrar esta aparición y permanencia.

Planes habrá. Esperemos que el tiempo, los recursos y los esfuerzos se conjunten para proseguir nuestra labor cultural y editorial. Los agradecimientos serían vastos e insuficientes para todos aquellos que han contribuido con este proyecto. Es imprescindible subrayar el apoyo de los colaboradores, principales artífices de la calidad lograda en cada número, y de las instituciones culturales y empresarios que han reconocido nuestra labor y apoyado este proyecto, así como de la extensa red de lugares que permiten que se difunda la publicación a nivel local y nacional. Y desde luego, agradecer la generosidad de los lectores y amigos que siempre han estado cerca.

Oaxaca, México
Abraham Nahón