Wednesday, February 22, 2012

Número 29: Diversidad Cultural


EDITORIAL

Es innegable que diversos sectores de la población todavía padecen la discriminación y la exclusión en nuestra entidad y en el país. Estos absurdos prejuicios, sustentados por la ignorancia y la falta de sensibilidad y reflexión, no solamente han sido promovidos por algunos grupos de poder de la cultura dominante, sino que también han sido repetidos y difundidos por algunos pobladores, quienes sin deliberar sobre sus efectos nocivos, han integrado en su comportamiento una serie de actitudes de indiferencia o desprecio hacia las culturas que consideran “distintas”, especialmente, hacia las originarias, negando incluso, las manifestaciones socioculturales indígenas que nos caracterizan y enriquecen. Se dice que Oaxaca es ampliamente reconocida por su diversidad biológica, cultural y lingüística, al presentar una ejemplar variedad de especies y ecosistemas y tener un número elevado de población que todavía pertenece a algunos de los 15 grupos etnolingüísticos que coexisten en la entidad, sin embargo, en la práctica, aún prevalece una ideología colonial, basada en una descalificación hacia lo indígena, así como hacia todo aquello que representa una cultura minoritaria o diferente a lo considerado común o convencional.

Por ello, la necesidad de revalorar los procesos sociales que implica la diversidad cultural, considerando la complejidad y riqueza que significa una heterogeneidad frente a una sola visión y caracterización del mundo contemporáneo. En Oaxaca no sólo hay una cultura, sino diversidad de culturas conviviendo milenariamente, resistiéndose a formar parte de un modelo cultural homogéneo y dominante. Los ciudadanos y artistas debemos alentar esta resistencia, buscando nuevas formas de coexistencia con modelos culturales distintos al “nuestro”, estimulando una apertura hacia las manifestaciones culturales que buscan la renovación de la tradición, al configurar nuevas significaciones, bajo una fuerza creativa propositiva, que escapa al promocionado regionalismo o folclorismo local.

Con este propósito, publicamos en creación literaria una muy breve muestra de la poesía indígena en Oaxaca, a través de algunos de sus mejores exponentes, quienes en lengua zapoteca y chinanteca nos ofrecen textos poéticos inéditos, asimismo, para un fértil diálogo con otras culturas, incluimos cantos ceremoniales de indígenas estadounidenses (Chippewa, Teton sioux, Paunii, Omaha, Pápago, Luiseño, Nootka). El ensayo contempla la diversidad sexual; el análisis sobre mujeres poetas reconocidas por el premio Aguascalientes en nuestro país; la condición y exigencias de reconocimiento de los afrodescendientes o afromestizos en nuestra entidad y en el país, la renovación musical que integra tradición y modernidad; las transformaciones artísticas en Oaxaca al desarrollarse y reinventarse las expresiones del graffiti y stencil a través de colectivos anónimos y con una propuesta artística social; el papel de la contracultura y las publicaciones independientes en nuestro país y las reflexiones e introspecciones acerca de un trabajo antropológico que reinvindica la pluralidad y multiculturalidad.

Una obra de Rubén Leyva distingue la portada de esta edición. Afín a la esencialidad de Kandinsky, Dubuffet o Calder, Leyva recurre en sus cuadros y esculturas a una depuración formal cuyo cometido es recobrar para este mundo los reinos del ser y de la luz, logrando con elementos diversos una convivencia armónica y plena de musicalidad. Asimismo, el contenido iconográfico de este número se ve enriquecido con artistas jóvenes llenos de vitalidad, a través de dos muestras de pintura (Amador Montes y Alberto Aragón), dos de fotografía (Baldomero Robles y Edson Caballero), así como las ilustraciones pictóricas, dibujísticas, gráficas y fotográficas de Gabriela Campos, Gabriel Castellanos, Alicia Huerta, y del Taller El Ciruelo (Baltazar Castellano, Mario Guzmán, Francisco Mújica y Laura Carmona).