Manzana de California

Una manzana de California cuesta treinta centavos.
Una pequeña manzana llegada al puerto
de contrabando. Cabe en un puño.
(Se la doy a mi hija).
Es dulce, pero a la vez, ácida.
Como toda manzana verdadera
cuesta un sabor.
Los jóvenes comerán otras cosas
con imprudencia.
La manzana que no pruebo
(que no probaré) sin arrepentimientos
me fue negada entonces.
El convenio se cierra con ajenos,
se entrega por una manzana un corazón.
Hacen las paces con manzanas ajenas.
¿Quién nos quita tantos años de necesidades
y dolor?
Manzanas extraviadas en la memoria
supuran tuétanos verdes.
Cavidad por cavidad, esa semilla
(en la boca) sabe a tierra corrupta,
a desesperación.
Árbol de esa manzana prohibida aquella vez
(y preferida hoy)
¡das frutos pobres!
Sin la manzana viva en la cesta
con la normalidad de masticar un don
¿cuánto costamos ahora?
Sin remedios contra esta enfermedad
(política) de comer cuando nos sea permitido.
Aprieto la manzana contra el puño
y se la llevo a ella
para que no sea como yo.

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