Los atributos del pastor y la pastora sólo pueden existir en la unión

I
¡Pastora y pastor juntos, anudados por lazo de las hiedras!
(En movimiento de enroscadas lenguas el día pobre anuda
mínima luz de sed a noche grande)
¿El rayo entra en el trueno de los goces
a apresurar la sangre?
¡A la sombra del olmo, la pastora
y el pastor, en la sombra ejercen la codicia de la carne
como dos cervatillos enlazados por lenguas de los aires! Y en el abrazo último, de enlazamiento de la noche al día
—de yegua a potro, o trueno al rayo mísero— pastora y pastor juntos
desaparecen de anudarse tanto
en sólo un cuerpo, en una misma sangre
un mismo nervio.

II
Ah moscardones zumbarán las mieles de las copas abiertas.
Hilan hiedras las ninfas, canturreando madejas rubias (¡sol de las colmenas!)
Se anuncia el potro en un temblor de frondas. —fuego, el relincho atroz ¿Y el trote?: ¡el trueno!—
—latigazo de luz sobre las yeguas— ¡Vigoroso el relincho enrosca el nervio
de la luz en su sangre! ¿Vienta el polen su potro por los aires?
¿Se hace más yegua el aire cuando el cielo relincha luz allá de los pastales?
¡El deseo se enroscará en las venas vuelto potro de sangre hasta la cena!

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