La erótica a mano alzada, ¿erótica del sí mismo?, ¿darse una mano?

Así, he dado en considerar la paranoia como un asalto de la corriente autoerótica…sería la llamada «insania idiopática». Los particulares vínculos del autoerotismo con el «yo» originario iluminarían bien el carácter de esta neurosis.

Sigmund Freud

No cabe duda de que un objeto puede empezar a ejercer su influencia en las relaciones del sujeto mucho antes de que haya sido percibido como objeto. El objeto es real, la relación directa. Sólo en función de una periodicidad en la que pueden aparecer agujeros y carencias, podrá establecerse cierta forma de relación del sujeto que no requiere en absoluto admitir, ni siquiera por su parte, distinción de un yo y un no yo. Así ocurre por ejemplo en la posición autoerótica.

Jacques Lacan

¿A qué se debe la existencia, la consistencia y el agujero que la masturbación presenta en la vida erótica? El objeto protagonista de la actividad suele ser un agujero corporal, un agujero de relación o articulación con los otros (senos, pene, clítoris, ano, piel…) Su ejercicio actual ¿Es igual a otros momentos de la cultura? ¿Qué lugar ocupa la mano en la sexualidad? ¿Cuál es el componente erótico que atrae a la mano sobre tal o cuál parte del cuerpo que habitamos? ¿Qué nos dice el órgano mecido por la mano? Notemos al pasar: la masturbación implica ya un dato curioso, tenemos un «más» que se suma a una «turbación», algo así como que llegada a cierto punto la turbación se transforma en un clímax, dejando lugar a un máximo de placer. En ese caso ¿Dónde quedará alojada la turbación vivida? ¿Qué ha sido turbado tan intensamente?

Thomas W. Laquer ofrece una respuesta en su Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación. Un ensayo para indagar el lugar de una práctica extendida: la erótica de la masturbación. El lenguaje, como señalamos más arriba, despliega sus envolturas: masturbación articula un plus (más) junto con una turbación: más + turbación ¿Estaremos ante la turba producida por el más de placer, goce y deseo que la justicia por mano propia ofrece a sus practicantes? La turbación genera un pliegue: sólo nos turbamos ante otros, incluidos nuestros pensamientos tomados como provenientes de otros («¿Qué dirán de mí si me ven haciendo esto?»).

El año de 1712 es señalado por Thomas W. Laquer como la fecha en que esa práctica se transforma en un problema moral para luego ser retomada y transformada por la medicina. Destacamos: esa actividad no preocupó tanto a los conservadores, sino a los progresistas quienes saludaban el placer sexual obtenido, y al mismo tiempo trataron de instalar una ética del autogobierno. Se trataba de colocar un dique a un placer que se suponía llevaba al descontrol. ¿Cómo será un placer controlado? ¿Seguirá siendo un placer?

Odile Boussand

Odile Boussand

Paradojas: se habla de la masturbación como autoerotismo (Freud, 1899; Lacan, 1954), al mismo tiempo se propone el autogobierno para administrar ese ejercicio erótico. En el apogeo de la instalación del capitalismo, cuyo ideal es el hombre que se hace a sí mismo, allí aparece el término autoerotismo. Hacerse a sí mismo, hacerse pen…solo, ¿Acaso no es una forma de placer erótico? Es sostenible pensar que enfrentamos un ejercicio para hacerse pen…sola/o ¿Será así? La tontería, la pendejez no son prácticas solitarias, siempre requieren del otro y de los otros, de lo contrario no tienen lugar. Cada vez que se levanta y/o se baja la mano en busca de hacer justicia a algún órgano, siempre esa actividad viene acompañada de imágenes de otra, de otros, no estamos en soledad, ni siquiera en ese momento de extremo placer erótico.

Sexo solitario precisa la fabricación de esa práctica privada o íntima por el entramado cultural. Ese ejercicio no es una invención aislada. Laqueur expone la relación especular entre ese modesto y alguna vez oscuro medio de gratificación con las virtudes de la sociedad comercial moderna: la moral individual «autónoma», íntima, la imaginación, el deseo, la promoción del individualismo como soledad autónoma. Convertido en un problema «moral» se transformó luego en problema «médico». Se dejan de lado las preguntas, se las sustituye por los problemas.

En el horizonte de las letras, de las artes y del análisis convendría estudiar con más detalle las implicaciones y consecuencia
de transformar el terreno de un interrogante para convertirlo en un problema. La pregunta por el goce de la droga no es lo mismo cuando se formula que la droga es un problema; el problema conduce a la solución de una guerra que hoy se vive en México.

Los estudios «científicos» de los siglos XVIII y XIX lanzaron acusaciones contra los placeres solitarios pues producirían daños físicos, mutilaciones e incluso la muerte. Freud, al definir la masturbación como una etapa del desarrollo normal del hombre, combatió disimuladamente esa posición médica plena de prejuicios con perjuicios. Para algunos psicoanalistas parece que sólo los desplazó a la vida espiritual. Hoy, esa práctica genera nuevas expectativas hasta convertirse en una forma de liberación sexual e incluso artística ¿Cuáles aspectos son liberados? ¿De qué nos liberaríamos?

Odile Boussand

Odile Boussand

Las mitologías apocalípticas sobre la masturbación

Sexo solitario analiza con detalle materiales que incluyen la Biblia, informes médicos, artículos filosóficos. El autor recorre diarios, autobiografías, investigaciones de artistas conceptuales, estudios de feministas y documentos de la pornografía. ¿Estaremos ante el estudio de un último tabú? ¿Será factible una cultura sin ningún tabú? Las inquietudes por la manuela pueden fecharse, subrayemos su género, mismo que opera para cualquier identidad
sexual. Ella nació cercana a las obras de Jean-Jacques Rousseau, las primeras novelas de Daniel Defoe y fue cercana a una de las primeras crisis de mercado. En La isla del tesoro, aparece un juego de palabras entre Master Bates / masturbarse. Digamos: ante tanta crisis económica actual, un poco de compañía de la manuela no produce gasto sino que da placer.

Recordemos: la manuela aparece en la vida en momentos de crisis subjetivas, es una forma de atenuar la angustia. Las madres la detectan incluso en sus bebés. La justicia por propia mano es una criatura profana y profanadora. Al inicio era considerada un supuesto mal que convertiría a sus practicantes en seres exhaustos, enfermos, locos o ciegos. Esos inicios le añadieron consecuencias e implicaciones éticas; así, una parte de la vida erótica encuentra una censura y una cesura. La fantasía muestra su principio de realidad abriendo un viaje hacia un mundo lujurioso.

El viaje con manuela quedó tomado entre la abyección, su goce y la satisfacción. Cuando se practica la caricia de la mano amiga, se lo hace acompañado de una fantasía ¿Por qué el calificativo de solitaria? ¿A qué se debe que se pretenda quitar la compañía de una fantasía? ¿Existirá algún ejercicio espiritual erótico sin la compañía de los personajes de una fantasía? ¿Qué ocurre con las fantasías en los otros actos eróticos?

El placer maldecido ¿mal dicho, maldito?

La maldición: transformarla en una enfermedad surgió de un folleto de autor anónimo: Onania or, The Heinous Sin of Self Pollution, and all its Frightful Consequences, in both SEXES Considered, with Spiritual and Physical Advice to those who have already injured themselves by this abominable practice. And seasonable Admonition to the Youth of the nation of Both SEXES…[Onania o el atroz pecado de la autopolución y sus terribles consecuencias, indagado en ambos SEXOS, con consejos espirituales y físicos para aquellos que se han dañado con esta abominable práctica. Y una provechosa admonición a la juventud de la nación de ambos SEXOS…] ¡Qué largo título! Y largo fue el camino de su éxito que logró introducir en la vida humana el terror ante la caricia de partes del cuerpo. Ese temor llevo varios siglos para revelarse como una mitología que solo apuntaba a impedir una práctica erótica del cuidado de sí.

Ese cuidado es particular pues hace aparecer un objeto del propio cuerpo que brinda un goce como si fuera un objeto ajeno al cuerpo. O más bien corresponde preguntarse de manera radical ¿No será que la masturbación hace aparecer el componente ajeno de nuestro cuerpo? El cuidado de sí, estudiado por Michel Foucault en sus últimos seminarios, no parece ajustarse a la división de individual/social; propio/ajeno, sino que, las mismas paradojas del goce hacen aparecer lo propio como ajeno que nos regresa un plus, un plus de gozar ¿De qué gozamos? ¿De lo propio o de lo ajeno o del nudo de ambos elementos? Quizás eso requiere pensar, imaginar, presentar el cuerpo es una topología que no es la que sostenía la estética de Kant.

El folleto mediático denunciaba una ofensa tan frecuente y tan flagrante que no se explica por las comunes fuentes de corrupción: libros enfermizos, malas compañías, historias amorosas, discursos lascivos y otras Provocaciones a la Lujuria y al Desenfreno. Ese pecado es peor que otros pues quienes lo viven no se dan cuenta de hacer algo incorrecto, lo hacen sin conciencia de enfermedad, sin reparar en las consecuencias dañinas para la salud. El folleto se convirtió en una máquina de dar conciencia, de generar culpa y de perseguir, una máquina que durante varios siglos estuvo en pie de guerra contra la mano amiga.

El anónimo instaló una lógica imparable: Hay acciones sucias que tienen testigos,
mientras que la masturbación no los requiere. Ella promete librarnos de vergüenza,
culpa y restricciones sociales. Los jóvenes afectados por timidez, denuncia el folleto, puede encontrar satisfacción. Las jóvenes combaten fuertes deseos, se liberan de experiencias desagradables, no requieren revelar a nadie su debilidad. Los servicios de la mano amiga protegen de los pecados de la sodomía, el sexo fuera de la reproducción o el adulterio. El anónimo insiste: esos son prejuicios de los inconscientes, se dejan llevar por la manuela, sin darse cuenta del peligro que los acecha.

Onanismo era considerado una enfermedad, daría lugar a la putrefacción de los cuerpos ¿Por qué causa? Sus víctimas sueltan las riendas de la fantasía, obtienen sensaciones que Dios sólo permitía en el encuentro sexual destinado a la reproducción. La persecución mostró de hecho, desde 1704/1712, un interrogante: la posibilidad de la ruptura entre goce, placer y deseo de la reproducción. Aparecía de manera negativa una práctica erótica al margen de la reproducción. Un ejercicio erótico descargado de la pesadez que suele caer sobre la reproducción. Freud descubrió que protegerse de ese peso –con el coito interruptus– fabricaba las neurosis actuales. La masturbación suma otro ingrediente: ambos sexos tienen la disposición para recibir la ayuda de la mano, revelaba una fisura en la diferencia de los sexos del patriarcado. La erótica de la manuela es democrática, alcanza a cada quien sin distinciones. Es interesante cuando alguien cuya identidad sexual es de mujer puede practicar la manuela, quizás pensando en otra mujer o en un hombre y en ambas casos goza con esta práctica.

Ese ejercicio recibió el calificativo de autoerotismo. Freud escribió: Entre los estratos de lo sexual, el inferior es el autoerotismo, que renuncia a una meta psicosexual y sólo reclama la sensación localmente satisfactoria (1899) ¿Será sostenible hoy que se renuncia a una meta psicosexual? ¿Quién dictamina sobre qué es una meta psicosexual? ¿Cuál será el parámetro?

Jacques Lacan avanzó objeciones al autoerotismo freudiano: La relación niño-madre se opone a que se pueda admitir la existencia de un estadio primitivo, llamado de autoerotismo, admitido en los textos de Freud, sin carecer de matices que dejan en pie cierta ambigüedad (1954). Lacan inició en 1967/1969 el camino que lo conduciría a formular un escándalo erótico: Hay acto sexual, no hay relación sexual. Esa constatación era consecuencia de haberse separado el sexo de la reproducción. Aparecía una sexualidad libre del carácter obligatorio ¿Cuáles serán sus alcances y consecuencias?

Ese anónimo dio lugar e incluso fundamentó la articulación entre el entusiasta autoabuso con la historia de Onán, narrada en el Génesis. Salvo un detalle: Onán vertía (per vertía) la semilla en la tierra antes de fecundar a la esposa de su hermano muerto. Al omitir el detalle, el onanismo fue presentado como un nuevo pecado. El folleto sacaba conclusiones: los onanistas, según su lectura del Antiguo Testamento, tendrían por castigo la muerte. El desenlace no sería causado por Dios sino por la naturaleza. Esa afección debilitaba mortalmente al pecador. Thomas Laquer hace una observación crítica a Freud. El inventor del psicoanálisis sostenía que si bien era fácil cometer un pecado, era más difícil ocultar sus huellas. Laqueur sostiene que esa hipótesis se reunía con el folleto de Onania: tanto el secreto como la impunidad son ilusorios, siempre habría castigo por el pecado, por ese pecado. Un castigo producido por la culpa. Si se modifica la culpa ¿Seguirá existiendo el castigo?

El texto de Laqueur sitúa alrededor de 1712 un hito en la historia de la sexualidad y el autocontrol, es un hito de la historia de la medicina. El folleto anónimo, su autor, primero pensó en ofrecer remedios religiosos. Enseñó su obra a un piadoso médico, quien le habló acerca del problema de gente que sufre por causa de un pecado secreto y le dijo que no había ayuda disponible para ellos. Este supuesto encuentro cambió la historia. El médico piadoso —anónimo como el autor— recomendó [dice el narrador, que se identifica con el autor] dos remedios de gran eficacia. El primero cura gonorreas en hombres y mujeres, que no son resultado de enfermedades venéreas (flujo vaginal blanco), efusiones nocturnas, emisiones seminales en el momento de la orina o de la defecación; el otro cura la infertilidad y la impotencia, causadas o no por enfermedades venéreas. El editor Mr. Varenne —una tercera voz— aconseja: la Tintura vigorizante y el Polvo prolífico. La medicina da un paso para apoderarse de un tema moral. El autor anónimo deja constancia que la edición de Onania… se debió a la ayuda financiera del médico, quien administró los remedios con el mayor beneficio y éxito del mundo.

Laquer enseña algo más: ese texto anónimo fabricó un pecado y luego una enfermedad (onanismo), con ellos los transformó en el núcleo duro de una medicina del iluminismo. El iluminismo aporta sus oscuridades. Al mismo tiempo se creaba la sexualidad moderna. Es posible llenar grandes bibliotecas con los cientos de artículos, artículos de enciclopedias, tratados didácticos y enormes tomos producidos a partir de 1712. Doscientos años después que se comenzó a dudar de los serios daños físicos, un célebre doctor francés encontraba cerca de un centenar de síntomas que, según él, eran consecuencias del autoabuso.

Al parecer, algunos estudios permiten a Laqueur identificar al autor anónimo: se trataría del cirujano y pornógrafo John Marten. Sexo solitario precisa: «La historia de la medicina sólo cuenta una parte del relato. Mucho antes y mucho después de 1712, se consideraba que el cuerpo sufría a consecuencia de las malas conductas. La medicina siempre fue algo semejante a una guía moral, una suerte de ética de la carne. Ese papel aumentó considerablemente en el siglo XVIII, cuando, al menos en los círculos progresistas, las normas morales comienzan a fundarse en la naturaleza, y son enseñadas más en las escuelas, el mundo de los médicos y de los pedagogos, y menos a través de la autoridad divina y las prédicas de la Iglesia, la esfera de curas y pastores.»

Tenemos abiertas preguntas pertinentes: El exceso de sexo era un problema médico desde la Antigüedad. La pregunta no es por qué en 1712 la masturbación comenzó a ser considerada un problema médico o por qué alrededor de 1920 dejó de ser pensada como una enfermedad. El autor escribe «Más inquietante es por qué el sexo solitario en especial se convirtió en un problema moral tan perturbador precisamente en la época en que el placer sexual está disfrutando de la mayor aprobación
secular.»

De hecho, la masturbación siguió siendo una gravosa cuestión moral e incluso
se le añadió el daño psíquico cuando dejó de ser reconocida como causa de daño físico.
Sus opositores no plantean sólo que causa ceguera, locura u otras enfermedades corporales. La pasión moral y el peligro médico crecieron juntos. Cuando se cayó la amenaza del daño físico, de todas maneras, el sexo solitario seguía siendo un objetivo de crítica, expresada por primera vez en 1712.

Sir James Paget, cirujano de la reina Victoria, escribió en 1879 que era mejor considerar las supuestas enfermedades resultantes del vicio solitario como una forma de hipocondría sexual; añadió la necesidad de informar a los pacientes —tanto adultos como adolescentes— que no era ni más ni menos dañina que «el intercambio sexual practicado con cierta frecuencia». Luego borraba con el codo lo escrito por su mano, al lamentar no tener nada peor que decir de una práctica tan desagradable, una impureza, vil, prohibida por Dios ¿A cuál de ambos ejercicios se refería?

Allí, en Dios, en el registro de la teología y la religión, retomaremos el tema en nuestro siguiente fragmento ¿Cuál fue la experiencia propuesta por una congregación religiosa de monjas? ¿Cuál es su impacto hoy, en tiempos de actos sexuales sin relación? ¿Cómo se modifica cuando se la practica en los encuentros de pareja, sean del sexo que sean esas parejas? ¿Cuál es el impacto político de ese ejercicio al dar un lugar nuevo al cuerpo y/o a una parte de él? El cuerpo puede estar sólo como individuo, es una de las tentaciones del capitalismo.

La ficción de la verdad: una verdad del erotismo

En el Seminario sobre «La carta robada», a propósito de que estaba analizando una ficción, llegué a escribir que esta operación era, al menos en cierto sentido, completamente legítima, pues por otra parte, decía, en toda ficción correctamente estructurada es palpable esa estructura que, en la propia verdad, puede designarse como igual a la estructura de la ficción. La verdad tiene una estructura, por así decirlo, de ficción.

Jacques Lacan

En este momento haremos un pasaje del mito a la ficción literaria. En efecto pasaremos a comentar y desplegar interrogantes desatados por leer un texto de ficción extrema. Ficción extrema pues él se presenta como un estudio cuyo autor no puede localizarse. Lo tomamos como una ficción que revela una verdad a través de la ficción: Manos piadosas y caritativas, texto atribuido o firmado con el nombre de Manuel Díaz Martínez. Nadie a ciencia cierta sabe si la ficción tiene un correlato con la historia y con el autor. En estas líneas tomamos de esa ficción el saber de una verdad que ella transmite. El lector tendrá una palabra al respecto.

La ficción nos informa de que: En diciembre de 1840, se autorizaba la creación del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía). Al pie de la letra: Anda Lucía da una caridad con tus manos.

La Iglesia tomaba a su cargo dar un lugar honorable a la mano, no tanto a la mano divina, sino a las divinas manos de las pajilleras que brindarían sosiego a las almas alteradas por las pasiones de los cuerpos.

Las pajilleras de caridad no ponían el acento más que en un solo y único trazo: la belleza de la actividad desplegada por sus manos al tomar contacto con tal o cual parte del cuerpo, en particular, el llamado miembro viril que se dejara acariciar. En esa actividad queda siempre flotando una duda, el goce desprendido viene del miembro acariciado, eso está bien, pero ¿cuál de los miembros desata el goce la mano o el miembro acariciado o el miembro nacido de nudos de caricias?

Las pajilleras eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con sus maniobras a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española. Subrayamos: los soldados tenía mucha fatiga, sólo un lugar quedaba libre, ese lugar y sólo ese. El erotismo no se guía por las energías de la biología corporal, en relación con ella el goce produce milagros.

La ficción recurre a la ficción dentro de ella pues le atribuye la idea a la Hermana Sor Ethel Sifuentes, de cuarenta y cinco años, que cumplía funciones de enfermera en el Hospicio. Sor Ethel había dado con un Si a las fuentes pues notó el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. ¡Qué extraño, estaban heridos y tenían un sobre exceso de testosterona!

La hermana puso manos a la obra y comenzó —junto a algunas otras hermanas— a «pajillear» a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Ella y las demás daban su ración cotidiana, no hacían distinción de rangos, les daban la cuota diaria a oficiales y soldados sin distinción. Los resultados fueron inmediatos. El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón, el clímax emocional dejaba a los heridos más tranquilos, ya las heridas no les interesaban tanto, algunos preferían no obtener la cura, a cambio de continuar recibiendo su cuota de caricia cotidiana. La cura se producía a tal grado, que hombres enfrentados por estar en bandos contrarios recuperaban entre ellos el trato afable y cordial.

Fue tan el impacto caritativo de las pajilleras que a ella se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. Cada deseo se genera a partir de un objeto ¿cuál era el objeto? ¿La mano o lo que la mano acariciaba? Cuando damos un beso ¿cuál es el labio que transmite el goce? Cuando procedemos a succionar una naranja ¿son labios, el jugo de la naranja, la piel de la naranja o los tres combinados que producen nuestro goce erótico de succionar?

Las pajilleras, para preservar el pudor y las buenas costumbres, acataban el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro. Insistimos: se trataba de una práctica erótica donde las insignias de la identidades sexuales no contaban.

La ficción no pierde el horizonte y nos informa sobre la proliferación de hermandades o escuelas destinadas al noble oficio de caritativamente ofrecer la manuela: el Cuerpo de Pajilleras de La Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y ya entrado el siglo XX, las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República en su combate contra el franquismo. Cada escuela hacía y hace ironía de aspectos y lugares santos y puros desde el poder hasta el corazón de las creencias, todos y cada uno requería del auxilio de una mano amiga en la caridad.

Elogio de Sor Ethel

Sor Ethel Sifuentes era puntual, atenta y pulcra, después de un día de caridad se lavaba las manos después de haber «atendido a siete pacientes consecutivos que, entre el asombro y el estupor, se habían sentido en un oasis que los transportó de golpe a su temprana adolescencia y a la primera vez que se les pusieron los ojos en blanco ante el estruendo mudo del sexo en solitario».

Ella era miembro activo del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios: «una piadosa iniciativa aprobada en 1847 por el obispo de Málaga para atenuar los problemas de abstinencia sexual de los enfermos, y que según se afirma llegó a extenderse por España e incluso por varios países de América Latina». Esa noble institución católica, en la que participaron monjas y voluntarias laicas ejercía la labor humanitaria: vaciar las cananas de los enfermos con un sentido del pragmatismo que parece haber perdido (si es que alguna vez lo tuvo) el liderazgo vaticano.

Para las huestes de Benedicto XVI, en esto seguidoras de Juan Pablo II, la masturbación constituye en efecto un pecado degradante, un grave desorden moral que afecta los resultados escolares, causa fracasos en el deporte y conduce a la neurastenia. El Vaticano estableció desde 1976: «El uso deliberado de la facultad sexual fuera de la relaciones conyugales normales, contradice esencialmente la finalidad de esa facultad». Ese es el pecado teológico de la manuela: ella está orientada por el goce erótico, no tiene por objetivo la reproducción. Salvo cuando se presentan los laboratorios de reproducción asistida que convocan a la manuela para recoger el semen y producir las inseminaciones.

El Opus Dei así como Los Legionarios de Cristo definen la masturbación como «la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener el placer venéreo», para concluir que es «un acto intrínseca y gravemente desordenado». El lector notará que ambas instituciones caritativas no hablan ni por asomo de manuela ¿Qué delata tanta asepsia de la lengua? ¿Para qué se cuidan tanto de la lengua?

Esas congregaciones terminan excluyendo: «el orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es un derecho exclusivo de los casados», de manera que en el bosque de la sexualidad no tienen cabida los cazadores solitarios. Los únicos resquicios que se salvan de las llamas parecen ser las poluciones nocturnas, denominadas «conmociones orgánicas involuntarias» que no «pecan contra la pureza»

El autor de la ficción que estamos comentando, nos otorga unos Diálogos entre el Duque de Rivas y don Antonio Alcalá Galiano, un texto del siglo XIX español, su autor se pregunta:

¿Habré yo pecado/que apagada ya la luz/ y después de hecha la cruz, en esta cama acostado/llevé, medio adormilado,/ la mano hacia las pudicias/ y empecé a hacerles caricias/ y cosquillas sin cesar/ viniendo el juego a parar/en llenarme de inmundicias?

Estas son algunas de las incógnitas del goce erótico que en mi práctica de analista localizo en los relatos que cada analizante brinda. Es interesante cuando se despeja del horizonte la inhibición, el síntoma o la angustia que el poder pretende imponer en esos temas, así cada analizante cambia y toma en sus manos o con sus manos los objetos que le fabrican tal o cual deseo de manera compartida.

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