Impresión de Oaxaca por Thiery de Menonville

«Por todas partes vi a los hombres paseándose y a las mujeres sentadas en los canales de las fuentes, peinándose, lavándose y enjabonándose, porque la moda de las mujeres españolas es bañarse, sobre todo la cabeza. Cuando la cabeza está bien lavada, se enjabonan con la raíz molida de un polientos, del cual me traje muestras, y que se vendía en el país por litros. Se enjabonaban también el cuello y los hombros. El espectáculo de estas bellas cabelleras negras y espesas sobre los hombros muy blancos era interesante. El arreglo de las mujeres, aunque simple, no por eso me gustó menos. Sus largos cabellos, divididos en dos trenzas mezcladas con un listón rosa, les llegaban casi hasta los pies […]».

En la ciudad de Oaxaca, Menonville no tiene empacho en relatar esta anécdota: «La propietaria de la fonda era de origen mestizo pero por su blanca tez podía pasar por castellana. Tenía veinticuatro años, una figura sugestiva y una voz agradable. El corazón me hizo observarla fijamente cada vez que me hablaba. Era realmente encantadora. Tenía una nariz a la europea y unos ojos como no he visto de bellos. Se encontraba viuda desde hacía quince meses pero no tenía aspecto lúgubre ni desconsolado. Por el contrario, su apariencia le daba el aire de estar en la flor de la vida. Me preguntó si no me había gustado la comida. Le respondí que su belleza me había gustado más. La ociosidad, la melancolía, el diablo, lo que sea, se aprovecha de todo para distraerme del deber […] Acerqué mi silla a la mestiza, quien amamantaba a un bebe más grande que ella y que caminaba desde hacía ocho meses. Le acaricié los senos deslizando mis dedos al azar. No vi ni cólera ni desprecio en la madre, pero sí en la criatura. Ésta, furiosa, creyó que le iba a disputar su comida y empezó a gritar desaforadamente, al tiempo que me pegaba con la mano. La nodriza sonrió. Yo me eché a reír sin medida y me llené de ánimos para continuar con mis avances, pero al tiempo que los ponía en práctica, temblaba como si tuviera fiebre. Me esforzaba por mirarla y sostener su mirada […]».

Estos breves pero singulares párrafos, los tomamos del libro de testimonios Viajeros extranjeros en el estado de Oaxaca (Siglos XVI-XXI), recopilado por José N. Iturriaga. Pertenecen al escritor francés Joseph Thiery de Menonville (1739-1780) que escribió el libro de largo título: Tratado del cultivo del nopal y de la crianza de la cochinilla precedido de un viaje a Guaxaca.

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