Wednesday, February 22, 2012

Entrevista a Raúl Herrera por Judith Romero

June 9, 2010 by admin  
Entrada en Destacado, Entrevista

Raúl Herrera

Logro la armonía en movimiento en la pintura,
pero el mundo social externo está lleno de contradicciones.

Con una larga vida consagrada al viaje y a la creación artística, Raúl Herrera ha decidido radicar en Oaxaca desde hace años, para seguir una vida sustentada con lo esencial. Aunque confiesa que lo ha agobiado la grave crisis social que vivió Oaxaca y que actualmente vive el mundo, mantiene una contagiosa tranquilidad, basada en la experiencia y en el trabajo disciplinado de un artista que logra la armonía entre su vida y obra. Su cercanía con las artes orientales lo han llevado a construir pacientemente, una obra singular, que tiene mucho de búsqueda, de respiración, de meditación, y de gestos pictóricos en tinta china resueltos magistralmente en un solo trazo.

Platícanos sobre tu proceso de formación artística y, en qué momento se da tu acercamiento con la cultura oriental.
Pasaba mucho tiempo solo, no había televisión, leía y dibujaba mucho. Vivía sobre la calzada de Tlalpan, enfrente del estudio Churubusco, antes era campo, el pueblo de San Diego Churubusco. Ahora no existe. Mi tía Libier Navarrete, pintora y poeta, decidió darme clases de pintura cuando vio mis dibujos. A los 13 años hice los primeros óleos, así empecé, y ya no pude dejarlo. No quería estudiar la preparatoria, pero mi familia dijo «no, esa es una carrera en donde te vas a morir de hambre»; bueno, parece que tenían razón (risas), de todas maneras amaba mucho la pintura y seguí pintando. A los 15 años entré a la escuela Carlos Septién García, me convencieron para que estudiara periodismo porque mi abuelo había sido periodista. Durante ese mismo año fui por las tardes a la escuela de San Carlos de manera externa, sin que mi familia lo supiera. Ahí conocí a grupos políticos de derecha y de izquierda, entré en las juventudes comunistas. Una noche que andaba pintando, en el centro, nos agarró la policía a varios y nos metió una noche en la cárcel. Mi madre estaba vuelta loca, cuando me encontró me puso una regañisa horrible. Me obligaron a cursar la escuela militarizada. Durante los dos años de «arresto» seguí pintando, como me arrestaban a cada rato, un día el director de la escuela me preguntó «por qué estás en contra de lo militar», entonces estuvimos platicando y cuando se enteró de que pintaba quiso ver las pinturas, se las llevé, después tuve mi primera exposición individual en la Academia Militarizada México, en 1958, tenía 17 años. En la universidad estudié Ciencias Políticas, Arquitectura, Filosofía y Letras y el idioma francés. En el 61 gané un premio de pintura en el IFAL (Instituto Francés de América Latina), una beca por 6 meses para estudiar en París. Al concluir el apoyo me mudé a la Casa de México de la ciudad universitaria en París, estaban Rodolfo Nieto, Francisco Toledo, Emilio Ortiz, Silvia Pandolfi (la actual directora del Centro de las Artes San Agustín), Víctor Maldonado, Manuel Bartlett, Carmen Parra, Marcos Huerta; fue en donde empecé a pintar en serio. Entré a la escuela Beaux-Arts de París. A principio de cada año, abrían las inscripciones, llevé mis pinturitas y me dijeron «no, todavía no», en el segundo año me aceptaron. Asistía a la escuela del Louvre a oír conferencias, ahí vi una exposición de Hokusai, su trabajo era en tinta china de colores, porque en Japón en esa época no había óleos. Dejó una Manga sobre usos, costumbres y gentes de Japón, pintó al budista, al samurai, a los mendigos, a la gente que se bañaba, a los sirvientes, todo se hizo en blanco y negro. Esto provocó que fuera más allá. Empecé a hacer pequeñas obra de papeles que recogía del mercado —cuando trabajaba descargando frutas en mercado Leal, ahora Museo Nacional de Arte Moderno Pompidou—. En Roma estuve 2 años, expuse en una galería, conocí a poetas, pintores y amigos, la vida ahí era mucho como la de Oaxaca ahora, «nadie tenía dinero, todo el mundo andaba de fiesta en fiesta, te invitaba la gente a chupar, a veces a comer». Empecé a cambiar por que era la misma época del Pop art. En Londres no encontré una manera de exponer, estuve trabajando en una fábrica de cerámica, logré vender lo suficiente para comprar mi boleto de regreso a México. Me regresé en un barco que salió de Antwerp, dudé en comprar el boleto porque pensaban que era trabajador, así que decidí viajar como tal; durante el viaje retrataba a los cuates, había españoles, griegos, vietnamitas, africanos, marroquíes. Trabajadores del tercer mundo. Llegué a Veracruz en el 66, me fue a recibir mi madre, mi tía y una sobrina, tenía 5 años de no ver a mi familia. Me quedé hasta el 67, cuando empezaron a organizarse para las olimpiadas, pasaron una serie de cosas horribles, estaba Díaz Ordaz, había muchos problemas, había una lucha social medio sorda que no se revelaba por ningún lado, entonces decidí regresarme porque las cosas estaban poniéndose feas. Regresé a Londres, en una sala de cine escuché a The Beatles, vivía con mi novia norteamericana que tenía dos hijos, nos tocó el movimiento hippie, ahí conocí a Davie Cooper, el de la antipsiquiatría, y a Ronald Lane, estaban dando conferencias. Esto me movió mucho, realmente representó un cambio profundo. Empecé a hacer pinturas totalmente fuera de todo contexto, pintaba en pedazos de madera, en muebles, temas que no tenían nada que ver con el mueble mismo, empecé a hacer un poco de arte conceptual sin saberlo, esculturas con pedazos de espejos, pintura abstracta pero con un sentido diferente, nuevo.
Con unos amigos decidimos irnos a peregrinar en un Land Rover —a «cambiar» al mundo—, nos encontramos cientos de gente pidiendo aventón. Estábamos en la búsqueda de lo orgánico, lo natural, la buena onda, fumábamos mota y tomábamos LSD. Fuimos a Francia, España, Italia, fue otra época, la dolce vita total. Gente de todos lados que quería romper barreras, tabúes, todo muy intenso. Tuve exposiciones en Inglaterra y Roma. En el 67 estaba como agregado cultural de la embajada de México en Roma Hugo Gutiérrez Vega, tuve una exposición ahí. Y Berta Fuentes, la hermana de Carlos Fuentes, estaba como secretaria, gracias a eso pude quedarme en Roma más tiempo.
En el 68 regresé a Londres, estuve en un grupo socialista contra la guerra de Vietnam, apoyando con ilustraciones y carteles, nos fuimos en ese año en una combi a París porque nos enteramos de lo que estaba pasando allá. Fue una época de viajar mucho con un grupo de gente, como una comuna, acampábamos en casas abandonadas.
En los setenta estuve en París, teníamos una comuna, encontramos un departamento barato enfrente de la Port Saint-Denis, cerca del barrio de las prostitutas. Había muchos argelinos y franceses pobres, había un mercado, un ambiente de barrio grueso que me fascinó porque extrañamente desde entonces solamente en los barrios más pesados me siento más seguro, todos se ayudan, se protegen, hay bandas, pero sabes quiénes son los cabrones, básicamente hay solidaridad. Empecé a hacer artes marciales, Aikido. En Ámsterdam se inició el movimiento de ocupar casas, porque el gobierno quería destruir una zonas muy antiguas para construir fraccionamientos nuevos, nos fuimos a defender la causa, había obreros jóvenes, estudiantes de todos tipos, pintores, antropólogos, desertores irlandeses, unas chavas de Italia que se habían escapado de sus familias porque las habían metido al manicomio, era la revolución de todo, empezó la fiesta del LSD, andaba circulando fácilmente. En Ámsterdam empecé a hacer Tai Chi Chuan y me metí en la meditación Taoísta. Es curioso pero sin saber, en el 62 dibujé un jaguar muy chino, ellos representan a los tigres y leones con cabeza de dragón, de alguna manera encontré algo que me atrajo mucho, con los años me di cuenta que por algo se dan las cosas.

¿Cuáles han sido tus mayores influencias gráficas y literarias en tu proceso creativo?
Rodolfo Nieto me enseñó mucho de dibujo y de técnica de pintura. Cuando vivía en Londres leí la literatura china, leyendo historias chinas descubrí a un personaje japonés pintor y maestro de la espada en el siglo XVII, se llamaba Miyamoto Musáis, fue un ronin, un samurai sin dueño, decidió buscar la iluminación a través del camino de la espada, la iluminación zen. Este personaje fue una inspiración muy fuerte, aprendí Aikido y Tai Chi Chuan para aprender a defenderme sin armas. También leí a Lautréamont, Flaubert, Sartre, Octavio Paz, Neruda, Huidobro, Henri Michaux, Simon de Beauvoir, Borges, Agustín Yañez.

¿Cómo has ido depurando tu proceso artístico para lograr esa contundencia y esos breves y profundos gestos pictóricos usando la tinta china?
Ahí esta todo. La historia de todos los movimientos, las artes marciales son fundamentalmente movimiento, es un movimiento que se llama Arado, está debajo del ombligo, es la puerta del cielo. Cuando meditas te concentras en ese punto, llegas al vacío total y tranquilidad absoluta, el Tai Chi es una manera de practicarlo, los movimientos son lentos, continuos y basados en la respiración, poco a poco tu cuerpo va liberando todos los bloqueos que impiden moverte. Esto me ayudó a dibujar, ahora pinto con las dos manos gracias a los movimientos practicados durante mucho tiempo, el movimiento tiene que salir desde el centro de tu cuerpo y en un trazo. Ahora que doy clases les digo a los alumnos que traten de relajarse, la primera línea que cae es la que vale, es muy difícil pero poco a poco se logra.
En México aprendí caligrafía con un chino. En los ochenta estuvo un historiador que hizo un estudio comparativo entre los símbolos y los animales sagrados de las culturas mayas, nahuas y las culturas antiguas chinas. Resultó que las dos culturas adoran al jaguar y a la serpiente, los chinos adoran a la serpiente que después se convierte en dragón; en México la serpiente se convierte en Quetzalcóatl, serpiente alada que es un dragón, y las representaciones son iguales a la cultura antigua china. Ambas culturas tienen el Yin y Yang, viene en él los ideogramas aztecas, nahuas, mayas y de más culturas, tienen estas figuras entrelazadas, las escaleras que están en Mitla hacen el Yin y Yang, el juego de pelota era lo mismo. He encontrado muchos paralelismos, cuando estuve aprendiendo caligrafía me di cuenta que era otra cosa, conozco muchos ideogramas pero de ahí a leer chino, ni los que lo hablan lo leen bien, es como la etimología, pero el proceso de la caligrafía es fantástico por que sigue el mismo principio del arte marcial y resulta que los mejores maestros de Tai Chi Chuan son pintores y calígrafos, tiene mucho que ver, es como una integridad. Me encanta esa cosa de los pintores renacentistas como Leonardo Da Vinci que era un gran esgrimista, bailarín, médico, investigador, un gran pintor, al mismo tiempo era un inventor. Consiste en juntar las 5 cualidades del caballero, del perfecto guerrero, y los japoneses también tienen esa tradición, por ejemplo, las pinturas más famosas son las de Musashi, también hay un pintor chino del siglo XVI que le llaman Chu Ta, quería decir el pintor mudo de las siete ermitas, porque él hizo un voto de silencio. Descendía de la dinastía Ming, pero ante la rebelión Manchú y su implacable control, decide suprimir la palabra; mataban a todos lo que tenían que ver con su familia, así que se refugia en las montañas, y lo rescata un monje budista. Se metió al budismo e hizo voto de no volver a hablar nunca, pero le gustaba el saque, el vino, escribir y pintar, era un fantástico calígrafo y extraordinario pintor, incluso pintaba mejor cuando estaba borracho. Andaba de ermita en ermita budista, donde le preparaban sus papeles, su tinta.

¿Hay una conexión entre tu búsqueda interior y la obra gráfica que realizas, es decir, el universo interior dialoga con el exterior?
Considero la pintura como una búsqueda interior, es un camino espiritual. No es como lo concibe la Iglesia católica, no es un alma que tiene que ser salvada, sí lo considero como un camino espiritual porque si no, no tiene sentido. Si es uno pintor nada más para vender, si no vendes ya eres un fracaso. Pero la creación es una búsqueda interior que sí nos puede llevar a la iluminación. No digo la iluminación como algo en donde estás contento, sino más bien a la realización de que somos una sola cosa que se está desenvolviendo simultáneamente todo el tiempo, no estamos solos nunca, no hay alguien que vaya más adelante que el otro, todos estamos siendo al mismo tiempo. Eso es lo que se aprende cuando llevas a cabo un trabajo como éste, porque siempre estás viendo la sincronía con el mundo. Logro la armonía en movimiento en la pintura, pero el mundo social externo está lleno de contradicciones, de hecho eso es lo que lo sostiene, la confrontación, la lucha todo el tiempo. Las cosas se mueven porque hay una fuerza que está contrarrestando, es algo que uno tiene que estar recordándose, para eso es la meditación, para volver a ese punto, en donde todo se une, es el punto invisible que no se ve, que no puedes tocar pero que es lo que nos une a todos.

En la esencia hay búsquedas, hay este sentido que encuentras, pero hablando de las cosas terrenales también hay pérdidas, hay hallazgos pero también hay pérdidas, fracasos, hay una confrontación con el ser humano cuando convive en una sociedad ¿Cómo enfrentas esto?
Lo que más me cuesta es la relación con el dinero, porque decidí que vale madres, que no importa pero que tiene que venir cuando realmente va a funcionar. Para mí es una especie de orgullo no tener nada. Tuve una casa, la compramos con una familia que tuve pero todo eso se va, desaparece, no tengo esa obsesión. No quiero más de lo que tengo porque lo que tengo es fantástico. Eso es lo que me ha costado trabajo porque a veces la gente lo confunde con indiferencia, indolencia, me creen un fracasado, un perdedor porque no tengo coche o una casa propia, no tengo ni dinero en el banco y ni me interesa, es una austeridad finalmente. Busco lo interior.


Te lo pregunto porque finalmente tenemos un sistema social que no beneficia a sus creadores, que no apoya a la gente que está haciendo investigación, arte, a la gente crítica. Estamos viviendo tiempos de crisis mundial y nacional. Cómo operar con esa realidad, pareciera que esta idea de armonía funciona en la esencia, pero cómo mantener la resistencia.
El I-Ching para eso es, es una filosofía taoísta. Dice que cuando la gente inferior está en el poder, el sabio se retira a trabajar en soledad, en aislamiento, porque las cosas van a cambiar. Ese es el concepto diferente, en el I-Ching cuando vas al último y todo está perfecto, ¡cuidado!, es porque va a empezar el descenso, el movimiento siempre llega a un punto que el Yang está arriba y empieza a bajar, lo compruebas con la gente cuando le suceden cosas o cuando el año pasado cayó la bolsa y ahora no tiene nada, ¿quién es el que más pierde?, pues el que más tiene. No tienes nada que perder si no tienes nada. Hay que ver qué va a pasar con toda esa gente que de pronto eran los que tenían todo. El primer problema es admitirlo, después superar la depresión que eso provoca, salir de eso es difícil, pero subirán otros imbéciles, parece que los que quieren estar arriba es sólo por eso.

¿En el fondo crees que una forma de rebeldía, de resistencia, es primero una renuncia a la idea de riqueza, de muchas posesiones materiales, porque eso te da una libertad interior de acción y de creación?
La armonía se produce en un momento determinado del desarrollo de todo, hay un momento en que todo es perfecto, como los humanos. Tú ves los chavos entre los 18 y 35, todos son bonitos, su cuerpo está bien, su cara, son preciosos porque están jóvenes, en la flor del desarrollo y después empiezan los problemas, es parte del desarrollo de la vida. Se casan, tienen hijos, empiezan las broncas de mil formas, el estrés, la falsedad de mantener un estatus. Yo las he tenido todas. Luego vienen los imponderables, se enferman, es parte de estar aquí. El Tao Te King dice: tienes muchos propósitos, tienes problemas porque tienes un cuerpo. Pero también puedes tener satisfacciones, ¿qué es lo que te da satisfacción? En un momento decidí que todo lo que sea que haga, lo voy a devolver con pura buena onda porque me hace daño la mala onda. El 2006 me dio una depresión que todavía no se me quita y por ahí anda, me dolió mucho cómo trataron a la gente, se me hizo terrible. Está pasando en todo el país, en Morelos están igual, se meten a las casas, arrestan a las personas sin ninguna orden, como ya tienen el poder que les dio este güey que está como presidente, es el poder de justicia expedita, que cualquier policía te puede declarar culpable y mandarte a la chinga o torturarte. Estamos viviendo cosas muy duras, la bolsa cae, la guerra de Irak se está yendo al carajo, el imperio de USA se lo está llevando la chingada. El periodo anterior le tocó a Rusia, cuándo ibas a creer que el muro de Berlín iba a caer. Se tenía que acabar algún día y esto también se va a acabar. Lees la noticias de ahora: 700 mil familias en USA, en los últimos tres meses, las han sacado de sus casas porque no pagan la hipoteca, la renta, los alquileres, como todos viven enganchados en ese sistema de «yo te presto, yo te presto», pues ahora nadie puede pagar. Esa es otra ilusión, yo no me dejo llevar por ella, eso es todo. Tuve una casa padrísima en las Lomas, con todo, pero no extraño nada.

¿Cuál es el propósito de la creación artística? Hay muchos jóvenes pintores que finalmente están ligados a este éxito material o ligados a la búsqueda del renombre, hay una creación del frenesí, inmediata y en serie, y esta especie de maquiladora de la que hablaba Rober Valerio.
Es muy atractivo, sobre todo para gente que creció en pueblitos, en casas muy pobres y cuando venían a Oaxaca no les compraban lo que querían porque no había dinero y se tenían que aguantar, ahora de repente les pagan 500 mil pesos por su pintura, pues ya tienen todo en el banco, y dicen: ahora le compro una casa a mi mamá. Algo me ha dado todo esto porque para mí esto no es importante. Entiendo cómo les afecta y hay que superarlo. Hay un momento que sientes que si no te sacas el premio de la Bienal ya valiste —dices no vuelvo a pintar— y sí, esto pasa, es natural, es parte del cuerpo, de las emociones que nos habitan, así funciona.

Me interesaba esto, porque has sido como un outsider, finalmente te tocó parte de la generación de la ruptura, qué pasa con ese proceso, ¿desde ahí ya viene esta historia que ahora concretas en este comportamiento?
Era un poco más chico que todos. El más chico de la ruptura era Arnaldo Coen, como 6 meses más grande que yo. Me tocó ser amigo de Gironella, Francisco Corzas, Fernando García Ponce, Manuel Felguérez, pero ya están retirados o muertos. Rodolfo Nieto nunca estuvo con la ruptura, él estaba como a un lado igual que Toledo, aunque lo han querido meter, él ha dicho que no tiene nada que ver. A mí me tocó en su etapa final, cuando llegué a México en el 66 llegué pintando una pintura abstracta que tenía algo de pintura oriental. En ese momento me sucedió que leí un libro de física cuántica que se llama Los secretos de la materia y una de las cosas que dice el libro es que la materia no existe, es una acumulación de energía que se bloquea y entonces se vuelve materia y forma cosas que parece que son algo pero que en realidad es pura energía concentrada en diferente forma y nadie sabe porqué, y entre más sabemos de la física cuántica más llegamos a la misma conclusión que los taoístas y los budistas. El vacío es la base de todo y ahí hay una energía que se mueve de una manera que no entendemos muy bien pero más vale calmarse para no enloquecer con eso, porque si quieres ir la base ahí está todo. Eso me transformó mucho, de hecho esa fue mi primera época de alucine, en el 65, cuando trabajaba en la fábrica de cerámica y leyendo este libro iba en la calle diciendo guau, ¡entonces todas son partículas que se mueven de energía!, esto me revolucionó mucho.
Cuando probé los hongos con María Sabina en el 66, nos fuimos en un vocho, llegamos a un lugar en donde el carro no daba para trás ni para adelante, se quedó atorado por una gran piedra. La gente de Huautla nos propuso ir al siguiente día por él, cuando vemos que venía caminando María Sabina con varias mujeres, nos acercamos, no hablaba mucho español, así que la saludamos y después la seguimos, fuimos a su casa, nos dieron de merendar, nos trataron muy bien. Realizó una ceremonia, empezó a extender cosas, a rezar, nos puso a rezar mucho tiempo hasta que sacó los hongos, colocó un sahumerio, todo el ritual muy bien, conforme nos íbamos comiendo los hongos nos fuimos a su cama que era de puras tablas con cobijas, pero sin colchón, ahí nos acostamos y nos echamos el viaje, eso me confirmó todo la física cuántica, me confirmó todo; además que el vehículo verdadero que tenemos es la mente, mi interés máximo es poder viajar con mi mente con el espíritu. La antepenúltima vez que comí hongos fue hace 5 años en la Ciudad de México, con un médico especialista en cerebros que estuvo con María Sabina, estuvo los últimos años con ella, ayudándola, atendiéndola y aprendiendo porque él es neurólogo y cirujano, lo dejó tan impresionado un viaje de hongos que dijo esto es maravilloso para el cerebro. Él está ocupado en encontrar cómo curar enfermedades cerebrales desde adentro con hongos y con lo que maneja. Él también sabe de psicología. Hizo todo el ritual, luego me dio varios honguitos San Isidro, luego me dio un «derrumbe» grande y me lo comí y pensé que me dormí pero de repente estaba en otro lado, estaba vivo en otro lado, era un viaje mental pero me impresionó tanto, estaba en un lugar en donde había puras pirámides, todo era de piedra y montañas, estaba como en un templo, entonces encontré una urna en medio de un templo, en la urna estaba labrada una carita (sonriendo), sabía que tenía que abrir eso pero se veía pesada, de repente se abre y sale un enanito con la cara sonriente y se empieza a reír, se ríe y se ríe hasta que su risa me llevó, así yo me empecé a reír y sentí un gusto y una felicidad intensa. De pronto me encontré en el cuarto con el doctor, me despertó y me dice viste a Teonanacatl, que es el niño sabio, el niño viejo. Cómo sabía lo que estaba viendo. Me impresionó mucho. Obviamente existen las dimensiones porque cómo puede saber un señor, que no tiene nada que ver conmigo, que hay un señor, un enanito que se te aparece. Tiene que haber una dimensión donde eso exista y no es el cerebro humano, porque si eso fuera todos lo tendríamos ahí metido. Hay un punto en donde el hongo te ayuda a acceder a esa dimensión a través de tu mente, de tu cerebro. El cuerpo es vulnerable a todo, es tan destructible que si un camión te agarra te hace tortilla en un ratito. Algo que tiene tanta vida, tantas experiencias, de repente desaparece en un segundo. Como te puede destruir un camión, una bebida, una balita chiquita, una burbuja de aire en el corazón. Esto me convence de que somos aparatitos, un aparato maravilloso hecho además por el proceso de este planeta y de este cosmos, quién sabe cómo y por qué, pero obviamente si tenemos todo esto es por algo.
El viaje que hice con María Sabina fue el primero, fue muy impresionante porque hubo un momento en el que pensé, «es que yo» y cuando dije «yo», sentí que me iba así al punto del universo y ahí había una esencia que decía yo, pero que era todo. Ahí estamos, eso es lo que nos da la conciencia del yo, esa inteligencia que se está proyectando en éstos cuerpos, en este planeta y quién sabe en cuántos lugares más y en cuántas formas. Un yo compuesto por todos, es un solo ser en millones y millones de manifestaciones.
Otro viaje que no se me olvida, fue en Ámsterdam, al final de mi estancia. Con tantos reventones de repente llegó el invierno, me dio una gripa muy fuerte, estaba en cama y un amigo hippie fue a verme y me dice «qué haces aquí encerrado, vámonos a un bar», así que fuimos. De repente, una chava muy linda con la que bailaba me dice «qué raro estás, veo que los ojos te brillan mucho» y me toca y estaba hirviendo en calentura y le dije, con razón me siento genial, esta mota vietnamita que me dieron está de pelos, estoy alucinando como si hubiera comido hongos, y empecé a ver ramificaciones, como en los hongos, y unas líneas luminosas que unían a la gente. Me llevaron a mi casa, me sacaron, caminé y me empezó a doler todo el cuerpo, un dolor en el pecho como si me hubieran clavado algo y empezaron a alarmarse, no sabían si llevarme al hospital o llamar un doctor. Mientras ellos hablaban ahí yo «me fui», mentalmente. En esa época estaba leyendo el libro Tibetano de los muertos y empecé a entrar en esa sensación, tenía un dolor de cabeza y de pecho, estaba en un torbellino y pensé: me estoy muriendo. Empecé a entrar en un pánico, decía no puede ser, y de repente que me acuerdo del libro tibetano —acuérdate, acuérdate de los versos y de los poemas— y empiezo a recitar acá dentro y a ver la luz, a buscar la luz, y todo ese torbellino que era así espantoso, horrible, porque era como un zumbido durísimo, todo era así como terrorífico, de pronto empezó a aclararse y aclararse hasta que de repente llegó una luz así increíble, una tranquilidad, una paz y todas las respuestas. Todo lo que traía se aclaraba y empecé a ver épocas de mi vida pasada en donde me había peleado con mi familia, mi novia y desde ahí veía que todo era absurdo y tonto, decía por qué se pelea uno, que tontería, pero qué barbaridad, por qué la gente hace eso y todo se me respondía. Tenía una sensación de paz y felicidad increíbles que decía si esto es la muerte qué maravilla, pero de pronto me empezó como a decir una voz adentro «no, no, tú tienes que regresar a México a pintar» y haz de cuenta que todo lo que me ha sucedido desde entonces, en ese momento me lo dijeron, tengo siempre esa sensación de «ah, si yo sabía que tenía que venir a Oaxaca». Quién sabe por qué, tal vez por Rodolfo Nieto, porque había conocido a Toledo o por lo que sea, mis relaciones con Oaxaca son muy extrañas, pero sí hay muchas cosas que me trajeron, yo había conocido Oaxaca desde niño. Pero en ese momento lo que quería era regresar a México, se me definió muy claramente que iba regresar a México a pintar y que iba a vivir en el trópico, en un lugar en donde hubiera palmeras, en donde la selva estuviera cerca, eso se me hizo clarísimo; todavía regresé a México, me casé, viví 10 años en las Lomas, fui millonario por unos cuantos años. Ese viaje fue también muy importante, sabes por qué pude resolver eso, porque había comido hongos antes en Oaxaca con María Sabina, porque en ese momento de pánico me acordé del miedo que me había dado cuando me empezaron a hacer efecto los hongos, porque con María Sabina hubo un momento en que empecé a ver arquitecturas luminosas y eso me dio mucho miedo, dije por qué estoy viendo esto ¡ya me intoxiqué, me voy a morir!, hubo un momento de pánico antes de que empezara a entrar la felicidad de los hongos, igual cuando me estaba petateando. Me enteré muchos años después aquí en Oaxaca, un día vamos en bicicleta María Rosa y yo, y de repente empiezo a sentir que me falta el aire, como que me dio un brinco el corazón. Voy al cardiólogo, me hace un examen y me dice «sí, tienes un arritmia cardiaca, esto pasa porque tienes una cicatriz en el corazón» ¡cómo una cicatriz!, sí, quiere decir que en una época de tu vida te dio un infarto. ¡Cómo crees!, le dije sorprendido. En la lectura cardiaca te pueden decir hasta el año, en el 73 tuve una neumonía muy fuerte en Ámsterdam y me estaba muriendo, estuve todo un mes en cama. Entonces, sí me morí tal vez un minuto, me fui al otro lado por eso tuve esas alucinaciones, que no fueron alucinaciones, fueron un viaje al borde, desde entonces ya no tengo miedo, ya sé que voy a regresar un día, pero que no es malo y horrible.

Veracruz, 1976. Estudió Derecho, es integrante del consejo editorial de la revista Luna Zeta.

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